EL ASOMBRO

Decía Sócrates que el Asombro es el principio del conocimiento. Te asombras y nace la curiosidad. De ella el por qué. Y de ahí la ciencia, la filosofía….

Cada viaje para mí nace bajo el mismo principio de asombro, de duda. Cómo será el recorrido, los lugares, transitar por aquí y por allá. ¿Por qué ese y no otro? ¿Seré capaz de llevarlo a cabo? ¿Lo conseguiré?

Cada día siento más ganas de viajar, de itinerancia, que de permanecer y estar. Y el asombro. La sorpresa, llegan de forma sobrevenida. Me alcanzan en un momento como si hubieran estado ahí, al acecho para pillarme desprevenido. Y lo consiguen. Principalmente viajando.

Hace escasas dos semanas, a pié de carretera saliendo de una gasolinera, sin ir más lejos, conversando con dos viajeros,  coincidimos en asombrarnos del por qué un instante, aparentemente insignificante, se guarda de inmediato en nuestra mente con todo lo que sentimos cuando se dió. Imágenes, sonidos, sensaciones, olores, colores, lugares. Todo queda guardado en una celda de nuestra memoria para siempre. ¿Por qué ese y no otro?. ¿O por qué éstos y aquellos también a un tiempo? ¿Por qué una persona, un rostro y otro no?

Alcanzamos esa edad de los niños tan pesada para los padres y tan maravillosa para ellos. La edad del por qué.


LA MISION

Enfilamos la ruta por una calzada asfaltada aunque algo rugosa y en los primeros giros éste va desapareciendo. Y así a lo largo del descenso en los primeros kilómetros se van alternando el asfalto -cada vez menos- y el camino de tierra prensada con algún tramo de arena suelta siguiendo el trazado original del recorrido. De cuando fué construida. Unos 26 kilómetros de bajada nos dejan en el pueblo construido en torno a lo que queda de la antigua misión. El polvo nos ha devorado y el cansancio también hace mella. Nos merecemos un descanso. Buscamos una sombra donde parar. 
El pueblo está casi desierto y el calor aprieta. La plaza con los árboles que la rodean parece un buen sitio. Beber un poco. Unas nueces y un poco de música en los auriculares, sentado junto a la moto, harán el resto. La moto no estará a la sombra pero nosotros sí. Fuera casco y chamarra. Me siento en unas escaleras y me dedico a contemplar la arquitectura de la edificaciones que me rodean. Una en particular me llama la atención. Me traslada como a un momento de otro tiempo. Un Flashback.


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