TIEMPO DE PARTIR


…La historia siempre se repite y así, sin pretenderlo me encuentro de nuevo, como un deja vu, viviendo algo similar a aquello que dejé reflejado en un relato del blog en el 2008.  Tardaste en llegar, viniste y te vas. Así se llama el relato de entonces y hoy, como si volviera hacia atrás, casi estoy escribiendo lo mismo.
Te vi en 1997 en Madrid. De aquella andaba negociando la compra de una BMW. Mi primera. Una R100R que finalmente su dueño, o más bien su mujer, decidió que no. Estábamos en esa presentación oficial gracias a BMW ibérica entonces que nos extendió una invitación al evento. Radiante, estilizada y hasta ciertamente agresiva en tus formas para lo que estábamos acostumbraos entonces. 130 cv. uf!!!!!!!!! 1200 cc. Acostados. Un tetracilíndrico imponente. Un maravilloso flyingbrick, pero entonces yo aún no sabía de tal denominación ni de lo que aquellos modelos K iban a significar en mi vida. Un modelo rojo con maletas laterales negras y otro amarillo con los laterales con cuadros y negros cual tablero de ajedrez. ABS de serie, inyección electrónica, cardan. Hasta ahí como la maravillosa K1100RS a la que venía a sustituir. Pero el incremento en potencia y cilindrada, más el telelever delantero, harían la diferencia.
Mi vida transcurrió por otros derroteros y acabe comprando una bellísima R100RS modelo 1992. Color grafito. Absolutamente equipada con la que comenzarían mis andanzas viajeras sin atreverme a soñar, por entonces, que me llevarían tan lejos como me siguen llevando; ni que iría a dar con mis huesos a ultramar.
Así tras años, países y kilómetros cayó en mis manos por azar la oportunidad de una incomparable unidad BMW K1200RS de 1998. Amarilla con su carenado ajedrezado, muy bajo kilometraje. No pude resistirme y la compré. Y como pasa a veces en la vida, con los cacharros y las personas, quizá el momento no era el mejor y sabes que no estarán mucho contigo, pese a la felicidad que te produzcan en ese instante. Cosas curiosas, que este gran viaje que transcurre desde que naces, nos presenta día a día y, como decía un gran viajero, a veces aún más. Y es que la felicidad, el santo grial que perseguimos, se antoja escurridiza, esquiva a veces, intensa en ocasiones, dichosa y caprichosa por momento y fugaz siempre. Y cuando unos la tienen, otros no y viceversa. Además, lo que a ti te hace feliz no tiene porqué serlo para un tercero. Y de tu desdicha puede venir su dicha y al revés.
Hoy. Meses después de aquella llegada, es tiempo de partir, para ti. ¿Me hiciste feliz? Si.  Y espero que donde te has ido procures felicidad también.




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